
La totalidad de los documentos que Francia guardó todos estos años en sus archivos diplomáticos, de los cuales una muestra fue presentada el martes a la prensa, será abierta el 9 de noviembre próximo.
Ese día se cumplirá el vigésimo aniversario de la caída del "Muro de la vergüenza", como llamaba Occidente a ese paredón de 45 km de largo que separó a Berlín durante 28 años y que fue uno de los mayores símbolos de la Guerra Fría.
Los documentos revelan una falta de percepción francesa del cambio que se estaba gestando entre la República Democrática y la República Federal alemanas.
Así lo demuestra una carta al presidente de la RDA, Egon Krenz, que en octubre de 1989 había reemplazado a un renunciante Erich Honecker, enviada por el entonces presidente francés, Francois Mitterrand (1981-1995).
"Esté seguro de que Francia considerará favorablemente (...) las perspectivas de desarrollo de las relaciones de la República Democrática Alemana con la Comunidad Europea", afirmaba el socialista Mitterrand el 24 de noviembre de 1989, cuatro días antes de
Análisis diplomáticos de la cancillería francesa de entonces muestran que París entendió tardíamente que esa reunificación era inminente, pues algunos documentos consideraban que no era un paso "realista" aún tras la caída de esa extensa pared que la RDA llamaba "El Muro de contención antifascista"
Los archivos franceses permiten constatar también la clara hostilidad a la reunificación de la entonces primera ministra británica, la conservadora Margaret Thatcher (1979-1990).
"Los años 90 comienzan con la euforia, pero corren el riesgo de terminar en catástrofes. Alemania, que ya es temible en el plano económico, se convertirá en la mayor potencia de Europa", afirmaba la "Dama de Hierro" en una cena organizada por el embajador francés en Londres, al abordar la obsesión política de la época: la reunificación y sus consecuencias en el equilibrio.
"Francia y Gran Bretaña deben acercarse frente al peligro alemán", decía Thatcher, para quien "sólo Rusia podría ser un contrapeso más poderoso" que Alemania.
En momentos en que la todavía Unión Soviética transitaba los primeros años de la Perestroika, Thatcher entendía que el presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, debía ser "asociado" al frente franco-británico.
"No queremos una Alemania unificada", afirmaba la jefa del gobierno británico a Gorbachov en un encuentro en Moscú en septiembre de 1989, según los archivos que Gran Bretaña desclasificó en septiembre pasado.
El cambio de fronteras y el desarrollo posterior "quebraría la estabilidad de la situación internacional", consideraba Thatcher.
Esa misma desconfianza era compartida por Mitterrand.
El 20 de enero de 1990, al recibir a Thatcher en el Elíseo, Mitterrand le transmitió su preocupación sobre una Alemania reunificada que podría "ganar todavía más terreno que el acumulado por Hitler", según los archivos de Londres.
Seguramente, las miles de personas que la noche del 9 de noviembre de 1989 salieron a las calles de Berlín para romper a golpe de maza y martillo aquel muro de cuatro metros de altura no imaginaban los entretelones que tenían lugar al más alto nivel mundial sobre este hecho que marcó un cambio irreversible.
La canciller alemana, Angela Merkel, agradeció calurosamente a Estados Unidos por su ayuda en la caída del muro de Berlín, hace veinte años, y llamó a una movilización semejante para luchar contra el calentamiento del planeta, al hablar en Washington ante el Congreso.
Primera dirigente alemana que se dirige al parlamento norteamericano después de que lo hiciera Konrad Adenauer en 1957, Merkel elogió las iniciativas de los ex presidentes John F. Kennedy, Ronald Reagan y George Bush padre, quienes contribuyeron a poner fin a la división de Alemania, reunificada en 1990.
"Yo lo sé, los alemanes lo saben, hasta qué punto reconocemos a nuestros amigos norteamericanos. ¡Jamás lo olvidaremos! A título personal ¡jamás lo olvidaré!", expresó Merkel, quien creció y fue educada en Alemania oriental, y mencionó que el "sueño americano" era el suyo detrás de la cortina de hierro.
En el área económica, Merkel subrayó que "si hay una lección a sacar de la crisis financiera del año pasado es que una economía globalizada tiene necesidad de un orden mundial que la sustente, un conjunto de reglas mundiales".
La canciller aprovechó el tema del muro como metáfora del calentamiento del planeta, que describió como "un muro que separa el presente del futuro" y "nos impide hacer las cosas más urgentes para preservar los fundamentos de nuestra vida y de nuestro clima". "Sabemos que no hay tiempo que perder", remarcó.
En un momento en que el Congreso norteamericano examina un proyecto de ley sobre la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, Merkel dijo sentirse "muy feliz de destacar que tanto el presidente Obama como ustedes saben que el clima es un asunto importante".
