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Lleno de turistas y con sus hoteles al completo, Berlín conmemora hoy el vigésimo aniversario
de la caída del Muro.

Líderes mundiales se citan en Berlín para conmemorar la caída del Muro Los festejos no esconden la controversia que reina aún sobre la unificación | Lech Walesa activará el derribo de un dominó de mil piezas en la línea divisoria | Los alemanes del Este han visto como los del Oeste les han quitado el protagonismo

RAFAEL POCH | Berlín. Corresponsal | 09/11/2009

Lleno de turistas y con sus hoteles al completo, Berlín conmemora hoy el vigésimo aniversario de la caída del. Muro. Asisten los veintisiete primeros ministros de la UE, los mandatarios de las cuatro potencias aliadas tutelares de la antigua ciudad dividida, con Hillary Clinton representando a Obama, además de Nicolas Sarkozy, Gordon Brown y Dimitri Medvedev, así como dos invitados de honor, Mijail Gorbachov y Lech Walesa.

Walesa, que califica a Gorbachov de "político débil" cuya reforma fue poco menos que producto de la "casualidad", una visión muy polaca, dice, en una entrevista en Der Spiegel, que el triunfo sobre el comunismo se logró, "gracias a los astilleros de Gdansk", al movimiento de los obreros polacos "y al Santo Padre". La lista de quienes se presentan como "artífices de", sin contar con la población de la RDA, protagonista de lo que el discurso oficial denomina la "revolución pacífica", es larga. El ex líder popular polaco será uno de los que activarán el derribo de un dominó de mil piezas de dos metros y medio de altura, que caerá durante un kilómetro y medio a lo largo del antiguo trazado del Muro, en los alrededores de la puerta de Brandemburgo. Las fichas han sido ilustradas por 15.000 voluntarios, la mayoría de ellos escolares. Conciertos, discursos y fiesta bajo un tiempo de perros completarán la jornada.

el triunfo sobre el comunismo se logró, "gracias a los astilleros de Gdansk", al movimiento de los obreros polacos "y al Santo Padre".

La unificación alemana, de la que la caída del Muro fue preámbulo, aún es objeto de gran controversia. Tras un periodo de euforia, en el Este se entró en otro de cierta depresión, al que ha seguido un tercero de aversión. Esos cambios matizan más que alteran un consenso general satisfactorio y aprobatorio sobre la unificación y la quiebra del antiguo régimen, que parece indicar que no se han olvidado las virtudes esenciales de aquella operación, en especial su carácter pacífico y la relativa moderación que revistió la completa y drástica absorción, jurídica, económica e institucional de un Estado por otro.

El desengaño fue resultado de las desmesuradas y paradisiacas expectativas que muchos alemanes del Este tenían sobre el Oeste.

La población de 16 millones que la RDA tenía en 1989 se ha reducido a 12,5 millones. En el escenario más pesimista podría quedarse en 8,6 millones en el 2050.

En el contexto del derribo total de la economía germano-oriental, de una tasa de paro que casi dobla a la del Oeste y del colapso poblacional que ha supuesto la enorme emigración al Oeste, por falta de trabajo, aquellas expectativas se mudaron en una adaptación que no fue fácil. La población de 16 millones que la RDA tenía en 1989 se ha reducido a 12,5 millones. En el escenario más pesimista podría quedarse en 8,6 millones en el 2050. Al mismo tiempo, el Estado ha invertido sumas ingentes de dinero en el Este, para modernizar sus infraestructuras y mejorar sus ciudades menguantes, con decenas de casas y viviendas vacías por falta de población. En general han sido los alemanes del Oeste, cuyo papel en el movimiento civil de otoño de 1989 fue nulo, quienes han explicado mediáticamente todo este proceso, incluido el relativo desencanto. Ellos han sido los narradores, incrementando cierta sensación de perdedores entre los alemanes del Este, que, según el filósofo Jürgen Habermas, "no tuvieron más margen de acción que la adaptación y el sometimiento" al nuevo orden.

Veinte años después se asiste a un nuevo discurso del Este sobre esas realidades. El teólogo Friedrich Schorlemmer dice que el Este ha pasado de un universo "marxista altruista" a otro "darwinista egoísta", del marxismo al "mercantilismo como ideología mundial sin alternativa". Y glosa determinadas ventajas sociales de la RDA, matizadas, dice, por el inconveniente de que los ciudadanos eran allá "casi propiedad estatal".

1989: el fin del telón de acero:

17 de abril. El Gobierno polaco se ve forzado a legalizar el sindicato Solidarnosc. Pocos días después el Partido Comunista perdería las elecciones. 23 de octubre. El Partido Comunista Húngaro se disuelve y se proclama la república parlamentaria. 24 de octubre. El presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, plantea la no injerencia en los otros gobiernos, la llamada doctrina Sinatra. 4 de noviembre. Masiva manifestación en Berlín para pedir democracia. 9 de noviembre. Cae el Muro. 29 de noviembre. La revolución de terciopelo en Checoslovaquia acaba con el régimen. Un mes más tarde, Václav Havel es elegido presidente. 3 de diciembre. Gorbachov y el presidente estadounidense George Bush padre declaran el final de la guerra fría. 25 de diciembre. Tras un intento de huida, el dictador rumano Nicolae Ceausescu es ejecutado. El Este hoy: Mucho subsidio, poca industria Desde 1990 el gobierno ha invertido 1,3 billones de euros en la antigua RDA, dos terceras partes de ese dinero se han dedicado a prestaciones sociales. Al mismo tiempo, ninguna de las 30 mayores empresas alemanas que figuran en el principal índice bursátil nacional (DAX) tiene su cuartel general en el Este, donde, sin embargo, vive el 20% de la población.